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Hipotecas con índice IRPH

Más de un millón de familias españolas están afectadas por préstamos hipotecarios que establecían como índice de interés variable el IRPH CAJAS (tipo medios de los préstamos hipotecarios de Cajas de Ahorro).

El Tribunal Supremo, mediante Sentencia 669/2017, de 14 de diciembre del Pleno de la Sala Primera, consideró que la cláusula inserta en un préstamo con un interés variable, referenciado al índice IRPH, no implicaba falta de transparencia ni abusividad. El Tribunal Supremo entendía que al tratarse de un índice oficial utilizado por diversas entidades financieras, resultaba fácilmente accesible para un consumidor medio, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz, de manera que éste podía conocer que en España se utilizan diferentes sistemas de cálculo del interés variable y comparar las condiciones utilizadas por los distintos prestamistas para así elegir la más adecuada para sus intereses.

Este criterio es el que se sigue actualmente en el Juzgado de Barcelona especializado en materia de cláusulas abusivas en préstamos hipotecarios.

Frente a este planteamiento, los votos discrepantes, en la propia Sentencia 669/2017, sostienen que el índice de referencia IRPH, tanto a tenor de su fórmula aritmética de cálculo, como por su peculiar configuración, presenta una complejidad de comprensión para el consumidor medio que lleva a que resulte imprescindible la realización de un control de transparencia, y, por tanto, de las exigencias derivadas para el profesional de facilitar, activamente, una información adecuada y comprensible de su aplicación y funcionamiento en el contrato de préstamo ofertado.

Recientemente el Juzgado de 1ª Instancia nº 38 de Barcelona, desoyendo el criterio marcado por el Tribunal Supremo, ha planteado diversas cuestiones prejudiciales ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea por la vía de urgencia. El Juzgado nº 38 de Barcelona entiende que surgen dudas en cuanto a qué debe ser objeto de información a los efectos de cumplimentar correctamente lo dispuesto en el artículo 4.2 de la Directiva 93/13/CEE; sobre si se debe informar al consumidor de los hechos o datos necesarios para comprender las consecuencias derivadas de elegir su préstamo referenciado al IRPH.

Así pues, deberemos seguir con atención la resolución de estas cuestiones prejudiciales que pueden llevar a una declaración de nulidad del IRPH cajas, con las consecuencias beneficiosas que se derivarían de ello para los consumidores.


  • El Contrato de Comodato

    El contrato de comodato (llamado también préstamo de uso) es aquel por el que una parte (el comodante) se obliga a entregar a la otra (el comodatario) una cosa para que esta última la use, de forma gratuita, por cierto tiempo y, transcurrido éste, se la devuelva.

    El comodatario puede usar la cosa pero sin percibir los frutos (puede usar una vivienda, pero no arrendarla) y tiene como principal obligación conservar la cosa y devolverla finalizado el plazo estipulado.

    El comodatario conserva la propiedad de la cosa. Puede recuperarla en caso de urgencia o necesidad y debe abonar los gastos extraordinarios.

    Hay muchos ejemplos típicos de comodato: la cesión de objetos de colección para exhibiciones, la cesión de vehículos de cortesía por parte de concesionarios o talleres o, el que puede resultar más interesante, la cesión de un local comercial para la explotación de un negocio concreto o de una vivienda para un uso concreto y determinado (por ej. vivienda familiar).

    Son tres las notas características de este tipo de contrato:

    1.- La transmisión del uso. Por el contrato de comodato sólo se transmite el uso de la cosa, conservando el comodante la propiedad de la misma.

    2.- La gratuidad. Este tipo de contrato es esencialmente gratuito. Es un contrato que generalmente se otorga en el ámbito de las relaciones de parentesco o amistad. Si fuera remunerado, ya no estaríamos ante un contrato de comodato, sino normalmente de arrendamiento.

    3.- La temporalidad. Se trata de un contrato de duración determinada.

    Una figura afín al comodato es el precario, si bien la diferencia esencial es el origen contractual del primero. Es decir, el comodato debe constituirse mediante un contrato. No así el precario.

    Un ejemplo práctico son los casos en que se ha cedido una vivienda a título gratuito y sin limitación temporal a un hijo, para su uso como hogar conyugal o familiar, sin mediar contrato alguno. Cuando posteriormente el vinculo conyugal se rompe (separación o divorcio) y se atribuye el uso y disfrute de la vivienda a uno de los cónyuges mediante resolución judicial, la situación del cónyuge que tiene atribuido el uso y disfrute de la vivienda es la propia de un precarista. En consecuencia, el tercero propietario puede reivindicar y recuperar la posesión de la vivienda.