El Contrato de Comodato

El contrato de comodato (llamado también préstamo de uso) es aquel por el que una parte (el comodante) se obliga a entregar a la otra (el comodatario) una cosa para que esta última la use, de forma gratuita, por cierto tiempo y, transcurrido éste, se la devuelva.

El comodatario puede usar la cosa pero sin percibir los frutos (puede usar una vivienda, pero no arrendarla) y tiene como principal obligación conservar la cosa y devolverla finalizado el plazo estipulado.

El comodatario conserva la propiedad de la cosa. Puede recuperarla en caso de urgencia o necesidad y debe abonar los gastos extraordinarios.

Hay muchos ejemplos típicos de comodato: la cesión de objetos de colección para exhibiciones, la cesión de vehículos de cortesía por parte de concesionarios o talleres o, el que puede resultar más interesante, la cesión de un local comercial para la explotación de un negocio concreto o de una vivienda para un uso concreto y determinado (por ej. vivienda familiar).

Son tres las notas características de este tipo de contrato:

1.- La transmisión del uso. Por el contrato de comodato sólo se transmite el uso de la cosa, conservando el comodante la propiedad de la misma.

2.- La gratuidad. Este tipo de contrato es esencialmente gratuito. Es un contrato que generalmente se otorga en el ámbito de las relaciones de parentesco o amistad. Si fuera remunerado, ya no estaríamos ante un contrato de comodato, sino normalmente de arrendamiento.

3.- La temporalidad. Se trata de un contrato de duración determinada.

Una figura afín al comodato es el precario, si bien la diferencia esencial es el origen contractual del primero. Es decir, el comodato debe constituirse mediante un contrato. No así el precario.

Un ejemplo práctico son los casos en que se ha cedido una vivienda a título gratuito y sin limitación temporal a un hijo, para su uso como hogar conyugal o familiar, sin mediar contrato alguno. Cuando posteriormente el vinculo conyugal se rompe (separación o divorcio) y se atribuye el uso y disfrute de la vivienda a uno de los cónyuges mediante resolución judicial, la situación del cónyuge que tiene atribuido el uso y disfrute de la vivienda es la propia de un precarista. En consecuencia, el tercero propietario puede reivindicar y recuperar la posesión de la vivienda.